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El Señor nos libra del mal y nos da la paz

La primera lectura que meditamos hoy (2 Samuel 7, 4-17) nos muestra que Dios desde que nos ha invitado a una misión no nos ha dejado solos, él siempre ha estado con nosotros. Natán recibe de Dios una visión en la que le da un mensaje para David.

En primer lugar dice Dios "Yo te saqué de los apriscos, de andar tras las ovejas, para que fueras jefe de mi pueblo Israel". Sobre esta línea podemos reflexionar acerca de aquello que Dios hace con nosotros, pues en un momento de nuestras vidas Él también nos ha llamado y en ése encuentro, el cual seguramente guardamos en el corazón, nos hemos experimentado salvados y llamados a una nueva misión.

Este camino, el de seguir al Señor, seguir el llamado o la invitación que él nos ha hecho, no es sencillo, tiene momentos de dificultad, momentos de crisis, de duda, inseguridad, y en medio de este camino esta lectura nos da muchas luces, porque en medio de estas experiencias el Señor nos acompaña, nos libra del mal que nos acecha y nos da la paz. Veámoslo en sus propias palabras, en lo que le dice a David.

  • "Yo estaré contigo en todas tus empresas, acabaré con tus enemigos".
  • "Daré un puesto a Israel, mi pueblo: lo plantaré para que viva en él sin sobresaltos, y en adelante no permitiré que los malvados lo aflijan como antes..."
  • "Te pondré en paz con todos tus enemigos, y, además..."
  • "Yo seré para él padre, y él será para mí hijo; si se tuerce, lo corregiré con varas y golpes como suelen los hombres, pero no le retiraré mi lealtad..."
Queda claro cuánto nos ama Dios, queda claro que nos acompaña en la misión que nos ha dado, queda claro finalmente que el auxilio y la paz que buscamos viene de él, entonces a él debemos ir.

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