El Señor Jesús describe muy bien la conducta de los fariseos en diversos versículos, en el que meditamos hoy, precisamente del Evangelio del día (Mt 23, 23-26) Jesucristo habla fuerte y claramente acerca de aquellos que cuidan más lo exterior cuando por dentro se están pudriendo, se cuida lo que se hace más no lo que se piensa, "limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno!". Se permiten todo y no permiten en otros lo más mínimo. Entonces el Señor da la respuesta a este tipo de actitudes, Él dice: "limpia primero la copa por dentro y así quedará limpia también por fuera", en otra traducción dice "purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura". Debemos pues hacer un ejercicio interior para purificarnos, como cuando uno limpia su propia casa por dentro, implica un ejercicio, cansará, pero los frutos serán buenos.
"Tú eres mi Señor: mi bien, nada hay fuera de ti" rezamos en el segundo versículo del salmo 16 (15) que la liturgia nos propone hoy. Estas palabras nos la podemos plantear en una pregunta hoy ¿Es el Señor nuestro bien? Para decir que Dios es nuestro bien primero debemos reconocer que solo Él es bueno y que sólo en Él podemos encontrar el bien, que toda obra suya es buena, "Vio Dios cuanto había hecho y era muy bueno" (Gen 1, 31). Cuando a Jesús le dicen "Maestro bueno" Él responde "¿Porque me llamas bueno? Nadie es bueno, sino solo Dios" (Mc 10, 18). En las sagradas escrituras podemos descubrir el bien que Dios hizo a su pueblo amado, al pueblo que incluso en los momentos que persiguió el mal, fue perdonado, salvado, rescatado y guiado constantemente hacia aquello que era el bien para ellos. Vemos también en sus páginas que aquellos que buscan practicar el bien no están libres de sufrimientos, y es así como descubren que después de la experien...
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