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I Tesalonicenses 3, 7-13

Encuentro dos temas interesantes para desarrollar en la reflexión de este día. En primer lugar el testimonio de la fidelidad y en segundo lugar la experiencia de rebosar de amor mutuo y a todos.

El testimonio de la fidelidad
Escribe San Pablo en los primeros versículos: "Hermanos: En medio de todas muestras dificultades y tribulaciones, la fe de ustedes nos ha dado un gran consuelo. El saber que permanecen fieles al Señor, nos llena ahora de vida".

La Vida Cristiana, bien lo sabemos, tiene momentos de alegría y dolor, ambas son experiencias que construyen y forman a un verdadero cristiano que procura y se esfuerza en vivir lo que vivió su maestro, el Señor Jesús. Pasamos por dificultades y tribulaciones, y en esos momentos el testimonio de vivencia sólida de la fe de otros nos alienta y nos muestra el horizonte, nos renueva, como dice el Apostol, "nos llena ahora de vida".

El saber que nuestros hermanos permanecen fieles al Señor nos llena. Esto es una amistad espiritual, la fidelidad del otro me llena de vida

El Señor los haga rebosar de amor mutuo y hacia todos
En medio de esa experiencia de vivir cumpliendo el Plan de Dios, el Señor nos llena y es quien nos hace rebosar de un amor mutuo, entre hermanos, que al mantenerlo de esta manera, se proyecta a todos los demás.

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