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Recordando los prodigios del Señor

Hay una gran conexión entre la primera lectura de hoy (Deuteronomio 4, 32 - 40) y el salmo (76), ambas se refieren a los prodigios realizados por el Señor en el tiempo de la peregrinación del pueblo Israel hacia la tierra prometida. Ahora Moisés se pone ante ellos y les dice: "A tí te ha concedido ver todo esto, para que reconozcas que el Señor es Dios y que no hay otro". Más adelante les dirá: "Reconoce pues, y graba en tu corazón, que el Señor es el Dios del cielo y de la tierra", "cumple sus leyes y mandamientos ...para que seas feliz".

Alguna vez escuché algo que se me quedó grabado. Que la historia del pueblo de Israel es la historia de todo cristiano, que es rescatado por el Señor y conducido como oveja en el rebaño del buen pastor, el cristiano que terco no quiere avanzar, que se queja ante las dificultades, que cae, y el Señor que muestra su amor dando alimento a su pueblo, acompañándolo y guiándolo con una columna de fuego en las noches y una de nube en el día. Como un Padre que es tierno con sus hijos. La historia de Israel efectivamente es nuestra historia. 

En nuestra vida el Señor ha obrado también prodigios, grandes maravillas, por las cuales debemos escuchar lo dicho por Moisés: "Reconoce y graba en tu corazón". Es importante reconocer y recordar sus prodigios, como nos invita el salmo en su antífona.

Dice el salmo en una de sus estrofas "medito todas tus obras y considero tus maravillas". Es lo que debemos hacer. A veces sólo nos fijamos en lo que va mal, más no miramos, no nos damos cuenta o no estamos atentos a aquellos grandes prodigios que el Señor ha obrado en nuestro bien. Debemos meditar sus obras y considerar sus maravillas porque en ellas Dios nos habla. 

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