Los salmos nos ayudan a conocer cómo debemos dirigirnos al Señor y a saber pedir lo que nos conviene. Rezando los salmos del oficio me topé con el salmo 63 "súplica contra los enemigos" y nada más empezando dice "protege mi vida del terrible enemigo; escóndeme de la conjura de los perversos". El terrible enemigo pues anda como león rugiente buscando a quién devorar, esta no es una frase nada más metafórica, es cierto que el enemigo busca derrumbar, desalentar, desanimar, desesperanzar, muchas veces con las cosas más sencillas que vivimos en lo cotidiano. Así que es necesario este tipo de oración, en donde debemos pedir a Dios que nos proteja de las acciones de este terrible enemigo.
"Tú eres mi Señor: mi bien, nada hay fuera de ti" rezamos en el segundo versículo del salmo 16 (15) que la liturgia nos propone hoy. Estas palabras nos la podemos plantear en una pregunta hoy ¿Es el Señor nuestro bien? Para decir que Dios es nuestro bien primero debemos reconocer que solo Él es bueno y que sólo en Él podemos encontrar el bien, que toda obra suya es buena, "Vio Dios cuanto había hecho y era muy bueno" (Gen 1, 31). Cuando a Jesús le dicen "Maestro bueno" Él responde "¿Porque me llamas bueno? Nadie es bueno, sino solo Dios" (Mc 10, 18). En las sagradas escrituras podemos descubrir el bien que Dios hizo a su pueblo amado, al pueblo que incluso en los momentos que persiguió el mal, fue perdonado, salvado, rescatado y guiado constantemente hacia aquello que era el bien para ellos. Vemos también en sus páginas que aquellos que buscan practicar el bien no están libres de sufrimientos, y es así como descubren que después de la experien...
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