Ir al contenido principal

Los enemigos de la Palabra de Dios

En la lectura del Evangelio de hoy el Señor Jesús, luego de relatar la parábola del sembrador hace una explicación de ésta a pedido de los discípulos que le preguntan sobre el sentido de lo que había dicho, entonces el Señor responde:
«El sembrador siembra la palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero, en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. Hay otros que reciben la simiente como terreno pedregoso; al escucharla, la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes y, cuando viene una dificultad o persecución por la palabra, en seguida sucumben. Hay otros que reciben la simiente entre zarzas; éstos son los que escuchan la palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la palabra, y se queda estéril. Los otros son los que reciben la simiente en tierra buena; escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno».
En estas palabras del Señor esta vez quiero detenerme en los enemigos que él presenta y que son aquellos que hacen que la Palabra de Dios no cale en nosotros. Al evidenciarlos sabremos en lo que debemos tener cuidado para que no nos suceda.

En primer lugar el Señor Jesús menciona a Satanás, dice "viene Satanás y se lleva la Palabra". Efectivamente es el primer enemigo, hay que considerar esto, en el camino de adherirnos a la Palabra de Dios, ya sea escuchándola en la Misa o meditándola con la Sagrada Escritura, Satanás busca que no cale en nosotros la Palabra de Dios.

El segundo enemigo está en nosotros, dice el Señor "son inconstantes". En los inconstantes la Palabra no echa raíces y por ello ante cualquier dificultad sucumben. Queda claro que debemos esforzarnos por crecer en la constancia, la perseverancia en la oración, en buscar la vida de gracia, al principio cuesta, mientras caminamos y aparecen los problemas también cuesta pero es allí en donde debemos aplicar mayor esfuerzo, si no podemos solos con ayuda de otros.

Por último señala el Señor Jesús "los afanes de la vida y seducciones". Cuando la mirada está centrada en estas cosas y no en Jesucristo sucederá que estos afanes nos arrastren y las seducciones nos atraigan hasta el punto de caer en ellas, ocasionando que la Palabra quede atrás. Esos afanes y seducciones terminan -dice Jesús- invadiendo el espacio para la voz de Dios y ahogando su Palabra por lo tanto se queda estéril.

Comentarios

Entradas populares de este blog

¿Es Dios nuestro bien?

"Tú eres mi Señor: mi bien, nada hay fuera de ti" rezamos en el segundo versículo del salmo 16 (15) que la liturgia nos propone hoy. Estas palabras nos la podemos plantear en una pregunta hoy ¿Es el Señor nuestro bien?  Para decir que Dios es nuestro bien primero debemos reconocer que solo Él es bueno y que sólo en Él podemos encontrar el bien, que toda obra suya es buena,  "Vio Dios cuanto había hecho y era muy bueno" (Gen 1, 31). Cuando a Jesús le dicen "Maestro bueno" Él responde "¿Porque me llamas bueno? Nadie es bueno, sino solo Dios" (Mc 10, 18). En las sagradas escrituras podemos descubrir el bien que Dios hizo a su pueblo amado, al pueblo que incluso en los momentos que persiguió el mal, fue perdonado, salvado, rescatado y guiado constantemente hacia aquello que era el bien para ellos.  Vemos también en sus páginas que aquellos que buscan practicar el bien no están libres de sufrimientos, y es así como descubren que después de la experien...

Cómo vivir la misericordia de Dios en la vida diaria

" Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso... Con la medida que midáis, se os medirá " (Lc 6,36.38).  Estas palabras del Señor Jesús nos tocan profundamente. ¿Cuántas veces nos hemos encontrado midiendo nuestra compasión, calculando nuestro perdón, racionando nuestro amor? En este pasaje, Él nos invita a un ejercicio de conversión: aprender a amar como ama el Padre . Entre dos medidas: la humana y la divina  Nuestra naturaleza humana tiende a calcular, a medir, a sopesar el dar y el recibir. Es muy comprensible: buscamos protegernos, queremos asegurar cierta reciprocidad. Pero Jesús nos presenta una medida diferente: la medida desbordante del amor divino. La misericordia de Dios no conoce límites, no lleva cuentas, no guarda registro de los agravios . Difícil ¿no?  El desafío de la misericordia sin límites ¿Cómo amar a quien nos ha herido? ¿Cómo perdonar lo que parece imperdonable? La lógica humana nos empuja hacia la retribución, pero el Evangelio nos lla...

Cómo hacer con lo que nos angustia

Hoy en la segunda lectura de la Misa recibimos una clave que nos puede ayudar mucho a sobrellevar las dificultades con las que cada uno se encuentra en el camino. San Pablo escribe a los Filipenses y dice: "Que nada os angustie; al contrario en cualquier situación presenten sus deseos a Dios, orando, suplicando y dando gracias". Rápidamente solemos angustiarnos y quizá al quedarnos en esta experiencia renegamos y nos amargamos, más el Señor nos da un mensaje claro "que nada nos angustie". Nada debería ser causa de angustia para el que tiene puesta su confianza en el Señor, para aquél que sabe bien de quien se fía. Es lo que estamos llamados a vivir, la confianza en Él. No nos deja sólo con esta idea, San Pablo en su carta a los Filipenses nos dice cómo podemos lograrlo. Primero debemos presentar todas nuestras inquietudes al Señor , en cualquier circunstancia, duda, sufrimiento, incertidumbre, soledad, etc.  En segundo lugar debemos siempre rezar , pidamos al ...