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¡Ten fe!


El relato de Hechos de los Apóstoles (16, 22-34) que hoy podemos leer en la primera lectura de la liturgia nos presenta a Pablo y Silas en la cárcel luego de haber recibido azotes por el hecho de haber expulsado de una muchacha un espíritu adivino (versículos 16-18) entonces los que se beneficiaban de aquél espíritu fueron quienes los entregaron (versículos 19-21). 

Estando en la cárcel se produce un terremoto fuerte y el carcelero al despertar, y creyendo que todos habían huido, pues las puertas estaban abiertas, iba a quitarse la vida. Fue entonces cuando Pablo le dijo: "No te hagas ningún mal, que estamos todos aquí". Y el carcelero les pregunta: ¿qué tengo que hacer para salvarme? y ellos le responden: "ten fe en el Señor y te salvarás tu y tu casa".

Y si esta respuesta se estuviera dirigiendo a nosotros ¿qué es lo que Pablo y Silas nos dicen? Nos piden tener fe, entonces repasemos qué significado tiene esta petición. 

Demos una mirada al Catecismo de la Iglesia Católica (CIC).

En el numeral 166 aprendemos que la fe es un acto personal: la respuesta libre del hombre a la iniciativa de Dios que se revela. Y en el 176, nos recordará que se trata de "una adhesión personal del hombre entero a Dios... Comprende una adhesión de la inteligencia y de la voluntad a la Revelación que Dios ha hecho de sí mismo mediante sus obras y sus palabras". 

"La fe es necesaria para la salvación. El Señor mismo lo afirma: "El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará" (Mc 16,16)" (CIC 183).

El fruto que este acto provocó en el carcelero y toda su familia fue la alegría (versículo 34) 

Finalmente, encontramos una clave en el catecismo que une la primera lectura con el Evangelio de hoy [Jn 16, 5-11] En el numeral 179 aprendemos que "la fe es un don sobrenatural de Dios". Y "para creer, el hombre necesita los auxilios interiores del Espíritu Santo". Y hoy el Señor nos recuerda esta conveniencia en el Evangelio al decirnos: "Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré" (Jn 16, 7)

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