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¡Tenemos una Madre espiritual!


En el Evangelio que la Iglesia nos presenta para meditar hoy [Juan 19, 25-34] hacemos memoria de estas hermosas palabras dejadas por el Señor Jesús desde la Cruz a su discípulo amado y a su Madre.
"Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa". (v. 26-27)

En la actitud de Juan nos podemos preguntar ¿Acogemos a María en nuestra casa? ¿Qué puede significar esto para nosotros? 

Y en la primera lectura [Hechos 1, 12-14] que hoy también se nos presenta vemos el ejercicio de María como madre, ahora, de los discípulos, de esa primera comunidad cristiana. "Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos."

María los acompaña en la perseverancia de la oración. La presencia de la mujer que ha guardado y meditado (Lc 2, 19) la vida de su Hijo en su corazón, es esencial en este momento. Ella es quien nos puede enseñar a conocer a Jesús, quien nos puede ayudar a acercarnos a él, a comprender los misterios de su vida.

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