Ir al contenido principal

Corre con perseverancia la carrera de la fe según Hebreos 12,1-4



La lectura de Hebreos 12,1-4 nos ofrece una imagen de la vida cristiana como una carrera de resistencia. Reflexionemos sobre las lecciones que nos deja este pasaje:

1En consecuencia: teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia, 2fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. 3Recordad al que soportó tal oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. 4Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.

La esperanza nos precede 

Nos precede la esperanza en que una multitud de santos ya ha llegado a la meta. Esta meta indica que los que estamos aquí y ahora andamos en una carrera para alcanzarla. En este sentido, los deportistas entenderán rápidamente que una competencia requiere lucha y constancia en algo que los desafía y que requiere una mezcla de concentración y esfuerzo.

Luego de meditar con esta lectura, me quedo hoy con tres lecciones:

1. Corre con constancia en la carrera que te toca



La vida cristiana no es un simple acto, sino una marcha constante hacia la meta. San Pablo nos lo recuerda en dos pasajes clave:

"¿No sabéis que en el estadio todos los corredores cubren la carrera, aunque uno solo se lleva el premio? Pues corred así: para ganar." (1 Corintios 9,24)

"He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe." (2 Timoteo 4,7)

La perseverancia en la fe implica no rendirse ante las dificultades, sino seguir adelante con determinación.

2. Renuncia a lo que te estorba y al pecado que te asedia

Para correr bien, un atleta debe despojarse de todo peso innecesario. No puede rendir al máximo si lleva zapatillas inadecuadas o una mochila llena de piedras. Así también, en la vida espiritual, debemos preguntarnos: ¿Qué está impidiendo mi crecimiento en la fe?

Asediar, según la RAE, significa presionar insistentemente a alguien o cercar un lugar para conseguir su rendición. Es lo que hace el maligno. Presiona hasta conseguir su objetivo: que caigamos en pecado, constantemente. 

3. Mantén la mirada en Jesús, el iniciador y consumador de la fe



Cuando un corredor pierde de vista la meta, se distrae y disminuye su ritmo. En la vida cristiana, cuando dejamos de mirar a Jesús, también nuestra fe se debilita. Lo vemos en Pedro, que comenzó a hundirse en el mar cuando apartó su mirada del Señor.

Jesús no solo inicia nuestra fe, sino que la lleva a su plenitud. Confiar en él es clave para avanzar sin desanimarnos.

¿Cómo aplicar esta meditación en nuestra vida?

  • Perseverancia en la fe: La vida cristiana no se trata de acelerar, sino de correr una carrera de resistencia. Debemos mantenernos firmes, sin desanimarnos.
  • Desprendimiento de lo que nos estorba: ¿Qué cargas innecesarias llevamos? ¿Pecados, preocupaciones mundanas, apegos? La exhortación es clara: debemos liberarnos de todo lo que nos impide avanzar.
  • Mirar a Cristo como modelo: Jesús nos muestra el camino de la fidelidad, incluso en el sufrimiento. No debemos huir de las pruebas, sino enfrentarlas con fe.
  • El testimonio de los santos: No estamos solos. La Iglesia triunfante nos acompaña y nos alienta.
  • La lucha contra el pecado: Es una batalla constante, pero debemos pelearla con esperanza y confianza en la gracia de Dios.
Sigamos corriendo la carrera de la fe con constancia, sabiendo que Cristo nos espera al final con la corona incorruptible. ¡No nos cansemos ni perdamos el ánimo!


Puedes recibir actualizaciones en nuestro canal de WhatsApp o en el canal de Telegram y también seguirnos en Instagram y Facebook.

Suscríbete aquí a nuestro nuevo Newsletter para recibir una selección de nuestro contenido y otros recursos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

¿Es Dios nuestro bien?

"Tú eres mi Señor: mi bien, nada hay fuera de ti" rezamos en el segundo versículo del salmo 16 (15) que la liturgia nos propone hoy. Estas palabras nos la podemos plantear en una pregunta hoy ¿Es el Señor nuestro bien?  Para decir que Dios es nuestro bien primero debemos reconocer que solo Él es bueno y que sólo en Él podemos encontrar el bien, que toda obra suya es buena,  "Vio Dios cuanto había hecho y era muy bueno" (Gen 1, 31). Cuando a Jesús le dicen "Maestro bueno" Él responde "¿Porque me llamas bueno? Nadie es bueno, sino solo Dios" (Mc 10, 18). En las sagradas escrituras podemos descubrir el bien que Dios hizo a su pueblo amado, al pueblo que incluso en los momentos que persiguió el mal, fue perdonado, salvado, rescatado y guiado constantemente hacia aquello que era el bien para ellos.  Vemos también en sus páginas que aquellos que buscan practicar el bien no están libres de sufrimientos, y es así como descubren que después de la experien...

Cómo vivir la misericordia de Dios en la vida diaria

" Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso... Con la medida que midáis, se os medirá " (Lc 6,36.38).  Estas palabras del Señor Jesús nos tocan profundamente. ¿Cuántas veces nos hemos encontrado midiendo nuestra compasión, calculando nuestro perdón, racionando nuestro amor? En este pasaje, Él nos invita a un ejercicio de conversión: aprender a amar como ama el Padre . Entre dos medidas: la humana y la divina  Nuestra naturaleza humana tiende a calcular, a medir, a sopesar el dar y el recibir. Es muy comprensible: buscamos protegernos, queremos asegurar cierta reciprocidad. Pero Jesús nos presenta una medida diferente: la medida desbordante del amor divino. La misericordia de Dios no conoce límites, no lleva cuentas, no guarda registro de los agravios . Difícil ¿no?  El desafío de la misericordia sin límites ¿Cómo amar a quien nos ha herido? ¿Cómo perdonar lo que parece imperdonable? La lógica humana nos empuja hacia la retribución, pero el Evangelio nos lla...

Cómo hacer con lo que nos angustia

Hoy en la segunda lectura de la Misa recibimos una clave que nos puede ayudar mucho a sobrellevar las dificultades con las que cada uno se encuentra en el camino. San Pablo escribe a los Filipenses y dice: "Que nada os angustie; al contrario en cualquier situación presenten sus deseos a Dios, orando, suplicando y dando gracias". Rápidamente solemos angustiarnos y quizá al quedarnos en esta experiencia renegamos y nos amargamos, más el Señor nos da un mensaje claro "que nada nos angustie". Nada debería ser causa de angustia para el que tiene puesta su confianza en el Señor, para aquél que sabe bien de quien se fía. Es lo que estamos llamados a vivir, la confianza en Él. No nos deja sólo con esta idea, San Pablo en su carta a los Filipenses nos dice cómo podemos lograrlo. Primero debemos presentar todas nuestras inquietudes al Señor , en cualquier circunstancia, duda, sufrimiento, incertidumbre, soledad, etc.  En segundo lugar debemos siempre rezar , pidamos al ...