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El árbol plantado junto al agua, la figura del que confía en el Señor


"El que pone su confianza en el Señor, será como un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces". Dice la primera lectura que nos propone hoy la liturgia y está tomada del libro de Jeremías (Jer 17, 5-10). 

En la lectura se presentan tres beneficios para el que practica esta confianza en el Señor.
  1. Es bendito. Recibe la bendición, pues el que, por el contrario, confía más en sí mismo, recibe la maldición porque ha apartado su corazón del Señor. El que pone su confianza en Dios recibe bendiciones, será bendito a los ojos de Dios.
  2. La lectura plantea una segunda figura: "cuando llega el calor no teme". Ante la intensidad de los rayos del sol, las hojas del árbol pueden comenzar a secarse, sin embargo el árbol plantado junto al agua no tiene por qué "preocuparse" pues aunque sea muy intenso el calor sus hojas estarán siempre verdes. La experiencia de aquél que está siempre junto al Señor será esta, no tiene de qué temer, pues aunque lleguen momentos de intenso calor a su vida, con él siempre estará firme. Ése intenso calor pueden ser las cosas que vienen de afuera y muchas veces nos producen la experiencia que tenemos con el calor, bochorno, molestia, incomodidad. Es un combate, pero sepamos que nuestras hojas no se quemarán, si es que con el Señor vivimos y confiamos en él.
  3. En tercer lugar otra figura más "en año de sequía no se inquieta", pues no "deja de dar fruto" dice la lectura. La sequía más bien producirá una experiencia interna, pues al faltarnos aquello que nos nutre nos puede dar dolor, sufrimiento profundo. Sin embargo, para el que confía en el Señor y ha echado raíces en él, podrá ver que su vida seguirá dando frutos, porque será el Señor quien en esos momentos lo sostenga.
Tres entonces son los beneficios que descubrimos en esta meditación, crezcamos en confianza en el Señor, pidámosle que nos conceda esa gracia.

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