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María, maestra

El Evangelio de hoy nos muestra a Santa María maestra de la vida espiritual, ella es quien tiene la experiencia del anuncio de un ángel y también, como le fue anunciado, de recibir al Espíritu Santo. Debemos dirigir la mirada hacia esta maestra que el Señor Jesús nos ha dejado para poder enriquecer nuestra vida interior, cultivarla y así estar atentos a la manera como el Señor se comunica con nosotros, para poder recibir también al Espíritu Santo. En este camino tenemos una maestra, acerquémonos a ella, dejemos que nos enseñe a vivir la vida cristiana.

Dios no te deja solo

Sucedía entonces algo que José no comprendía, no podía entender aquél acontecimiento de María esperando un hijo, y este buen hombre, "justo" lo llama el Evangelio, discurría acerca de qué hacer, al punto de pensar en dejarla en secreto, y claramente dice San Mateo que José pensaba en estas cosas. Suele pasarnos, con las distancias del caso, que también dedicamos momentos a pensar en cosas que no comprendemos y le damos vueltas y vueltas, y es cuando el Señor responde, como lo hizo con José, Dios no nos deja solos, nos conoce, sabe de nuestras debilidades, de nuestra pobreza, dificultades, capacidades, sabe hasta dónde podemos llegar, él en esos momentos en los que pensamos y pensamos sobre esas cosas que no comprendemos es que sale a ayudarnos. Como el Ángel que se aparece a José, con nosotros Dios tiene sus propias formas de comunicarse. El Evangelio nos da un presupuesto que debemos vivir para reconocer las acciones del Señor que viene en nuestra ayuda, ser justos, como S...

Jesús ha venido a salvarnos

"Le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados" escuchamos hoy en el Evangelio de San Mateo, para esto ha venido el Señor para salvar a su pueblo del pecado. Jesús es el nombre de nuestro salvador, ésa es su misión, salvarnos. Nos encontramos en un mundo que con su propia bulla, sus propios ritmos y astucias ha ido callando o interrumpiendo la fuerza de este mensaje que el Ángel le hace a San José. Nuestra debilidad ha sucumbido muchas veces probablemente a ése ritmo, pero es momento, es tiempo, en el Adviento de volver a él, de convertirnos, de dejarnos salvar. En 2022 seguimos publicando por aquí: Instagram:  @meditaconlabiblia  | Facebook:  MeditaconlaBiblia  |  linktr.ee/meditaconlabiblia

Estar pendiente de su Palabra

Estar pendiente de algo implica estar preocupado, atento en algo que se espera, hay mucha expectativa sobre ese "algo" por esta razón nuestra atención se dirige hacia ello. En el Evangelio de hoy ( Lucas 19, 45-48 ) hacia la última línea se da una clave que llama la atención; además de la actitud del Señor en respuesta a la poca reverencia frente a la casa de Dios, que es una casa de oración, se trata ahora de los sumos sacerdotes, letrados y senadores del pueblo quienes querían hacer algo en contra de Jesús, para quitárselo de en medio y dice el Evangelio que "se dieron cuenta de que no podían hacer nada, porque el pueblo entero estaba pendiente de sus labios". La actitud del Pueblo es la que despierta la atención, ellos tenían expectativa en lo que el Señor Jesús pronunciaba, esperaban su Palabra, estaban pendientes de sus labios. ¿Es esta nuestra actitud? ¿Nos preocupamos por escuchar con atención sus enseñanzas?

Dulzura y ardor

 "...al paladar será dulce como la miel, pero en el estómago sentirás ardor" le dice el ángel a Juan en la primera lectura que meditamos en la Liturgia de la Palabra de hoy ( Apocalípsis 10, 8-11 ), entonces Juan hizo lo aconsejado y experimentó lo descrito, luego de ello se le dijo: "Tienes que profetizar todavía contra muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes". Lo que Juan sintió dulce como la miel era el librito que le fue dicho que se lo coma. Éste es dulce al paladar, pero luego de esa dulzura viene un ardor que es lo que nos impulsa al anuncio, como queda dicho en la misión que se le propone a Juan luego de su experiencia. A él se le invita a profetizar, a nosotros se nos pide anunciar, no debemos quedarnos en la dulzura solamente, se produce el ardor cuando hemos digerido en el estómago, cuando hemos masticado y extraído todos los nutrientes que nos da la Palabra de Dios, ése ardor nos impulsa a proclamar, anunciar.