Ir al contenido principal

Buscadores del Señor

"Busquen al Señor" comienza diciendo Isaías en la primera lectura de hoy, y la antífona del salmo apoya la idea invitándonos a rezar: "Cerca está el Señor de los que lo invocan". Buscar al Señor debe ser mi meta diaria, desde que me levanto buscarlo y rezarle para estar en sintonía con el Plan que Él tiene para mí en este día.

Pero ¿en dónde lo busco? ¿Cómo? El salmo nos da la clave, en primer lugar, invocándolo, tengo que estar en un espacio y momento de oración en mi día, tengo que invocar allí al Señor, hacerlo sinceramente, pedirle que esté cerca de mí, que él me guíe en todo lo que tenga y deba hacer en ese día, sea en el trabajo, estudio, diversas actividades que me corresponden.

Luego de haberlo buscado, primero, en los espacios privilegiados (los sacramentos, la oración, en el Sagrario), lo busco en los demás... Pues el Señor se manifiesta a través de mis hermanos, en tanto ellos estén en su presencia, sean hombres de Dios, entonces él también me habla a través de ellos. Cuando el hermano carga su Cruz siguiendo al Señor, cuando mi hermano sale al encuentro del otro como lo hace el Señor conmigo, cuando mi hermano es paciente, cuando vive la caridad, cuando veo en él un testimonio de servicio, de esperanza puesta en Cristo que nos invita a todos a vivir en el Reino de los cielos.

La actitud de búsqueda del Señor me obliga también a entender que debo vivir en silencio, debo vivir una vida recogida, para poder estar atento a los pequeños y a veces breves susurros del Señor en mi vida, en la vida de los demás.

Esta búsqueda tiene sus exigencias, requiere que sea silente, reverente, recogido, paciente.

Que Santa María nuestra madre, nos ayuda a ser siempre buscadores de su Hijo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cómo vivir la misericordia de Dios en la vida diaria

" Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso... Con la medida que midáis, se os medirá " (Lc 6,36.38).  Estas palabras del Señor Jesús nos tocan profundamente. ¿Cuántas veces nos hemos encontrado midiendo nuestra compasión, calculando nuestro perdón, racionando nuestro amor? En este pasaje, Él nos invita a un ejercicio de conversión: aprender a amar como ama el Padre . Entre dos medidas: la humana y la divina  Nuestra naturaleza humana tiende a calcular, a medir, a sopesar el dar y el recibir. Es muy comprensible: buscamos protegernos, queremos asegurar cierta reciprocidad. Pero Jesús nos presenta una medida diferente: la medida desbordante del amor divino. La misericordia de Dios no conoce límites, no lleva cuentas, no guarda registro de los agravios . Difícil ¿no?  El desafío de la misericordia sin límites ¿Cómo amar a quien nos ha herido? ¿Cómo perdonar lo que parece imperdonable? La lógica humana nos empuja hacia la retribución, pero el Evangelio nos lla...

Las 3 preguntas y las 3 respuestas de Jesús a Pedro

"Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas»." (Jn 21, 17) Este pasaje forma parte del evangelio de Jn 21, 15-19  en el cual encontramos las tres preguntas del Señor Jesús a Pedro y a su vez, las tres respuestas del Maestro.  Para entender a fondo la raíz de estas preguntas y respuestas nos viene perfecto dar una mirada a lo escrito por el papa Benedicto XVI al reflexionar sobre estas palabras. La primera vez, Jesús pregunta a Pedro: "Simón..., ¿me amas" (agapâs-me) con este amor total e incondicional? (cf. Jn 21, 15). Antes de la experiencia de la traición, el apóstol ciertamente habría dicho: "Te amo (agapô-se) incondicionalmente". Ahora que ha experimentado la amarga tristeza de la infidelidad, el drama de su propia debilidad, dice con humildad: "Señor, te quiero (...

Cómo hacer con lo que nos angustia

Hoy en la segunda lectura de la Misa recibimos una clave que nos puede ayudar mucho a sobrellevar las dificultades con las que cada uno se encuentra en el camino. San Pablo escribe a los Filipenses y dice: "Que nada os angustie; al contrario en cualquier situación presenten sus deseos a Dios, orando, suplicando y dando gracias". Rápidamente solemos angustiarnos y quizá al quedarnos en esta experiencia renegamos y nos amargamos, más el Señor nos da un mensaje claro "que nada nos angustie". Nada debería ser causa de angustia para el que tiene puesta su confianza en el Señor, para aquél que sabe bien de quien se fía. Es lo que estamos llamados a vivir, la confianza en Él. No nos deja sólo con esta idea, San Pablo en su carta a los Filipenses nos dice cómo podemos lograrlo. Primero debemos presentar todas nuestras inquietudes al Señor , en cualquier circunstancia, duda, sufrimiento, incertidumbre, soledad, etc.  En segundo lugar debemos siempre rezar , pidamos al ...