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Le dices SEÑOR, y ¿haces lo que ÉL te pide?

En el versículo 47 del Evangelio que toca el día de hoy (San Lucas 6, 43-49) vemos que el Señor dice: «Todo el que venga a mí y oiga mis palabras y las ponga en práctica, os voy a mostrar a quién es semejante: Es semejante a un hombre que, al edificar una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre roca. Al sobrevenir una inundación, rompió el torrente contra aquella casa, pero no pudo destruirla por estar bien edificada.

En sus primeras palabras nos da la clave para leer las citas correspondientes, dice: 1. Todo el que venga a mí, 2. y oiga mis palabras, 3. y las ponga en práctica. 3 pasos para todo cristiano que desee tener una casa sólida que no se destruya por nada al estar bien edificada. Acercarse al Señor, escucharlo y poner por obra lo que nos dijo. Nos propone un itinerario de crecimiento espiritual. Para aquellos que ya están cerca del Señor resuena la pregunta: Si le dices todos los días MI SEÑOR, y verdaderamente reconoces en él a tu Señor ¿Haces lo que te pide? ¿Pones en obra lo que escuchas en tu oración? 

Dice el Señor: «Cada árbol se conoce por su fruto». Como consecuencia de tu opción con respecto a hacer o no lo que el Señor propone en su itinerario se te conocerá por el fruto que des, esto se refleja en tu obra, en tu acción, si eres bueno, en tu obra se verá bondad. Como lo dice el Señor: «El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca».

Se trata de poner por obra lo que escuchas del Señor. Sea en tu oración, meditando la Sagrada Escritura, en la Eucaristía, visitándolo arrodillado ante el Sagrario, en tu consejo o en una lectura espiritual, en la acción (mientras hacías apostolado). El Señor Jesús habla.

De no hacer esto te sucederá lo que dice el Evangelio: «el que haya oído y no haya puesto en práctica, es semejante a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin cimientos, contra la que rompió el torrente y al instante se desplomó y fue grande la ruina de aquella casa». 

"El que tenga oídos, que oiga".

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