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La oración por todos los hombres

Nos ubicamos hoy en la primera carta del apóstol San Pablo a Timoteo, en la primera lectura que toca en este día (1Tim 2, 1-8). "Querido hermano" le dice el Apóstol, «Te ruego, ante todo, que hagan oraciones, plegarias, súplicas, acciones de gracias por todos los hombres, por todos los reyes, por todas las autoridades, para que podamos llevar una vida tranquila y pacífica, religiosa y digna»...

En otra traducción dirá ...«para que vivamos una vida tranquila y apacible, con toda piedad y dignidad». Nos muestra San Pablo el fruto de la oración por los demás, por todos los hombres, aquellos que van por buen camino, como aquellos que no, por aquellos con los que nos llevamos bien, como aquellos con los que no, la oración, súplicas y plegarias con acción de gracias se debe elevar al cielo como un incienso por todos los hombres. Así, llevaremos una vida tranquila, apacibles, pacífica, religiosa, digna, con piedad.

La explicación de por qué hacer esto nos la da el mismo Pablo más adelante, cuando dice: «Es bueno y grato ante los ojos de Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad». Él pues, quiere que todos se salven y que conozcan la verdad, es decir que se encuentren con él, es por esto que debemos rezar intensamente por ellos, por su conversión, por que ese encuentro con la verdad se dé y pronto.

Rezando por todos, por su salvación, obtendremos esa promesa de una vida tranquila en el Señor, apacible, así vivimos como quienes somos hombres de Dios, escogidos por él, hombres llamados a una vida de piedad.

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