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Nada que nos aparte de él y nada que lo ofenda

En la primera lectura que la liturgia nos propone hoy nos encontramos, hacia el final, con esta frase... «dame tan sólo lo necesario para vivir, no sea que la abundancia me aparte de ti y me haga olvidarte; no sea que la pobreza me obligue a robar y me lleve a ofenderte». Vemos que el centro sobre el que gira la idea es el Señor Jesús, esta es una buena clave que nos ofrece proverbios para aprender a poner en todas nuestras cosas a Cristo como centro. Se trata de buscar siempre que nada nos aparte del Señor y que nada nos lleve a hacer algo que lo ofenda. En este sentido la oración reza pidiendo que Dios no les conceda abundancia de tal manera que a causa de ella terminen apartándose del Señor y tampoco pobreza porque la necesidad puede conducir a hacer cosas que sean inmorales, con el fin de sobrevivir, la lectura propone por ejemplo el robo. Nuestra oración de petición y de acción debe darse teniendo como esencia que nada nos aparte del Señor y que por nada lo ofendamos.

Instrúyeme, enséñame y guíame

Meditando el salmo que nos propone la liturgia de la Palabra de hoy aprenderemos a dirigirnos al Señor con tres invocaciones, sencillas, fáciles de recordar y que nos ayudarán a tener presente al Señor en cada una de las cosas que realicemos en este día. Salmo Responsorial: 118 R: "Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos."  Dichoso el que, con vida intachable, / camina en la voluntad del Señor. R. Instrúyeme en el camino de tus decretos, / y meditaré tus maravillas. R. Escogí el camino verdadero, / deseé tus mandamientos. R. Enséñame a cumplir tu voluntad / y a guardarla de todo corazón. R. Guíame por la senda de tus mandatos, / porque ella es mi gozo. R. Cumpliré sin cesar tu voluntad, / por siempre jamás. R Necesitamos que sea el Señor quien nos eduque, quien nos forme, sobre todo en el camino de ir cumpliendo el Plan que él tiene para nosotros, en este sentido es que debemos pedirle que nos INSTRUYA en el camino de sus decretos para poder caminar cumplien...

Proceder con rectitud y con justicia

Es bueno escuchar la Palabra de Dios pues con ella nos vamos educando a obrar bien, rectamente, como el Señor quiere y prefiere que obremos. Aprendamos pues de lo que nos dice la primera lectura de hoy:  Lectura del libro de los Proverbios (21, 1-6. 10-13) . Proceder con rectitud y con justicia es lo que nos pide nuestro Señor Jesucristo, esto es más grato a sus ojos, que hacer sacrificios. Luego la lectura del libro de los proverbios nos dicta algunas pautas que nos sirven como criterios para proceder con rectitud. En aquellos que tienen mirada altanera encontraremos un corazón arrogante. La maldad del pecador la podremos reconocer en la mirada. Si quieres lograr abundancia es mejor proceder con diligencia. El perezoso nunca saldrá de la pobreza y esto no sólo aplicado a lo material, sino también aplíquese en lo espiritual. Cuando te sirves de la mentira para lograr algo los frutos serán humo.

La mirada humilde de San Pablo

San Pablo nos enseña, en la primera lectura de la liturgia de la Palabra de hoy, que el Evangelio nos salva, no sólo se trata de escucharlo, sino de acogerlo, que implica creer y poner por obra lo que escuchamos. De lo contrario dice el Apóstol, habrán creído en vano. Entonces se trata de creer en lo que el ha predicado y esto es que "Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día", él comienza a narrar luego que el Señor resucitado se apareció a muchos. En esta parte es interesante ver en San Pablo una mirada de humildad hacia sí, pues es consciente de lo que ha hecho antes, sabe bien lo que era -perseguía a la Iglesia de Dios- y a su vez reconoce que es Cristo quien lo ha llamado y quien lo ha invitado a hacer lo que hace, ser de los que lleven el Evangelio a muchas personas, a recorrer diversos lugares para predicar el Evangelio que le ha sido trasmitido. Entonces San Pablo dice «pero por la gracia de Dios soy lo q...

Somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño

Me detengo a meditar hoy en nuestra pertenencia a Dios, lo aborda el salmo que la liturgia nos propone en una de sus estrofas cuando dice «sabed que el Señor es Dios: / que él nos hizo y somos suyos, / su pueblo y ovejas de su rebaño». El Señor que es Dios es quien nos ha hecho. Meditaremos esta línea en tres ideas que terminan siendo tres figuras para expresar la pertenencia a Dios. Somos suyos Es bueno recordar de quién somos, así como llevamos dos apellidos que ahora nos recuerdan y a toda la sociedad que somos de unos padres, que pertenecemos al Sr. tal y a doña tal. Por nuestros apellidos los demás reconocen que somos hijos de un padre y madre. Así, recordemos hoy que somos de Dios, somos suyos, él nos ha hecho, no podemos olvidarnos de esto. Somos su pueblo No sólo somos de Dios sino que además somos el pueblo que entre todos él se ha escogido, somos su pueblo elegido. Dios invita ahora a muchos a vivir en su pueblo, pero hay de los que no reconocen la invitación, como de...