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Ir y creer para calmar nuestra hambre y sed

En el Evangelio de ayer el Señor nos decía que para hacer lo que Dios quiere que hagamos debemos creer en él, es decir en el que el Padre ha enviado; hoy la gente le pregunta al Señor ¿qué signo vemos para que creamos en tí? "¿Cuál es tu obra?". Luego de escuchar a la gente y la mención sobre el maná recibido en el desierto por sus padres, Jesús les responde que ése pan lo recibieron porque Dios se los concedió, así pues, ése es el Pan verdadero que baja del cielo y da vida al mundo. Cuando les habló así, ellos pidieron de ése pan diciendo: "Señor, danos siempre de ese pan".

Finalmente en el Evangelio de hoy, el Señor Jesús responde a todos dando su enseñanza. "Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed". Nos quedamos hoy con estas dos ideas para meditar.

Los que van donde Él

Éstos no pasarán hambre. El Señor Jesús responde aquí a la necesidad humana de comer, el cuerpo necesita de alimento para que pueda funcionar, y valiéndose de esta necesidad biológica el Señor Jesús responde a una necesidad más profunda, el hambre espiritual, el hambre que toda persona experimenta y no muchas veces le da alimento, el alimento verdadero que necesita.

Recibir éste alimento implica una acción "ir". Tenemos que ir a buscarlo, ir donde Jesús ¿Dónde está él? Está en la Iglesia, en el Santísimo, en el sagrario, y el momento para recibirlo es la Santa Eucaristía. Yendo donde él no pasaremos hambre porque él sacia esta hambre profunda.

Los que creen en Él

Éstos son los que nunca pasarán sed. Igualmente el Señor responde a una necesidad más profunda que sólo recibir el líquido para satisfacer el cuerpo. Aquí Jesús ya no pide una acción como en el tema anterior "ir", aquí pide creer, se trata más bien de un ejercicio de razón, de la mente, también de adhesión interior a él. Pide el Señor creer en él para recibir el  agua que calma la sed profunda que el hombre experimenta.

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