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Meditaciones sobre el camino de Emaús - III

"...y lo reconocieron"

A los discípulos se les abrió los ojos cuando el Señor Jesús, resucitado, al quedarse con ellos y sentado con ellos a la mesa, "tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio". Reconocen al resucitado en un gesto, el gesto de la Eucaristía, el momento de la cena se les viene a la mente, recuerdan aquél gesto que el Señor Jesús hizo en el día en el que los amó hasta el extremo, como dice el Evangelio de san Juan. Se les abre los ojos con ése gesto, entonces lo reconocen, pero él luego desapareció.

Ésto es lo que nuestro Buen Maestro nos ha dejado. Que lo reconozcamos realmente presente en la Eucaristía, éste gesto de amor para con nosotros, como él ha querido quedarse con nosotros. Quiere el resucitado que lo veamos allí, que nos encontremos con él, que lo recibamos para que él esté con nosotros y nosotros con él, como lo fue con sus discípulos.

Como fruto de esta experiencia sucederá lo mismo en nosotros que a los discípulos "¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?".

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