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La fuerza de la conversión

Escuchamos o leemos en la primera lectura de hoy (Jonás 3, 1-10)...
...clamen a Dios con fuerza; que cada uno se convierta de su mala conducta y de la violencia que hay en sus manos. 9 ¡Quién sabe! Quizás vuelva Dios y se arrepienta, se vuelva del ardor de su cólera, y no perezcamos.» 10 Vio Dios lo que hacían, cómo se convirtieron de su mala conducta, y se arrepintió Dios del mal que había determinado hacerles, y no lo hizo.
Nínive estaba situada en la confluencia entre el río Tigris y el Khosr, Nínive era un importante punto de paso de las rutas comerciales que cruzaban el Tigris. Ocupaba una posición central en las rutas entre el Mediterráneo y el Índico, uniendo así el Este y el Oeste, recibiendo influencias y riqueza de muchos lugares. Llegó a convertirse en una de las más grandes ciudades antiguas de la historia. Descrita por Jonás como una ciudad grande de tres días de recorrido.

La ciudad de Nínive iba a ser destruida en cuarenta días si es que no se arrepentían de su mala conducta. Las palabras que meditamos ahora son parte de las palabras que el profeta Jonás anunciaba. "Clamen a Dios con fuerza; que cada uno se convierta de su mala conducta y de la violencia que hay en sus manos".

"Clamen a Dios con fuerza"

Al vernos a nosotros mismos con los ojos de la humildad y sencillez el resultado es ver que somos frágiles, que tenemos errores, que obramos mal, que hacemos daño con nuestros malos actos. Esta conciencia nos debe llevar rápidamente a clamar a Aquél que es superior a nosotros, a nuestro creador, nos debe llevar a pedirle insistentemente ayuda en oración, éste es pues el primer paso para que se de la conversión, debo clamar a Dios. Rezarle, pedirle, rogarle perdón y misericordia. Este paso es la consecuencia de esa mirada humilde a mí mismo.

..."que cada uno se convierta de su mala conducta"...

Nos corresponde a nosotros, como colaboración con el Plan de Salvación que el Señor tiene para cada uno, responder con un sincero arrepentimiento de nuestra mala conducta. Es decir siento pesar por las consecuencias de mis pecados, de mi mal comportamiento, de mis malas obras, implica ser sensible a ello. Sensible a que he obrado mal, y por lo tanto debo enmendarme, debo corregirme.

Finalmente vemos cómo el Señor ve el arrepentimiento, la conversión de los habitantes de Nínive y no procede con la destrucción de la ciudad. El acto de conversión hace merecedora la misericordia del Señor.

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