Ir al contenido principal

El Señor quiere podarnos para dar fruto en abundancia

En el Evangelio de hoy el Señor nos indica la acción del Padre cuando en el obrar en su viña damos o no damos fruto, si obramos y damos fruto él nos poda, pero si es que no damos fruto él arranca el sarmiento. Arrancar y podar a primera vista puede parecernos dos acciones negativas, más es todo lo contrario cuando vemos en función de la planta. Pues si hay una rama que no da fruto es porque esta muerta, seca, hay que arrancarla por el bien de toda la planta, para que siga produciendo. En cambio, si es que se trata de una rama que da fruto, luego toca podarla, y se poda para que siga dando más fruto, se quita lo desgastado al producir el fruto y al hacer esto ayudamos para que siga creciendo la nueva rama que dará más fruto.

Muchas veces el Señor nos poda, y al podarnos en distintas etapas o momentos de nuestra vida, a veces, pensamos que nos pasan cosas malas o sucesos que nos producen sufrimiento y desgaste y que sólo a nosotros nos pasa, pero no logramos entender que el Señor nos está podando para dar más fruto, claro la pregunta es por qué no logramos entender lo que el Señor quiere hacer con nosotros. Creo que una respuesta podría ser porque no estamos con él, no estamos cerca de él y al estar lejos, no lo escuchamos, no oímos su Palabra, no vemos el camino que nos indica seguir. Mientras más cerca del Señor estemos más veces quizá nos pode porque él quiere que demos mucho fruto, y para dar más fruto debe podar algunos sarmientos, y esto algunas veces produce sufrimiento, desgaste, dolor, que por supuesto culminará en frutos con alegría, es la dinámica de la vida.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cómo vivir la misericordia de Dios en la vida diaria

" Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso... Con la medida que midáis, se os medirá " (Lc 6,36.38).  Estas palabras del Señor Jesús nos tocan profundamente. ¿Cuántas veces nos hemos encontrado midiendo nuestra compasión, calculando nuestro perdón, racionando nuestro amor? En este pasaje, Él nos invita a un ejercicio de conversión: aprender a amar como ama el Padre . Entre dos medidas: la humana y la divina  Nuestra naturaleza humana tiende a calcular, a medir, a sopesar el dar y el recibir. Es muy comprensible: buscamos protegernos, queremos asegurar cierta reciprocidad. Pero Jesús nos presenta una medida diferente: la medida desbordante del amor divino. La misericordia de Dios no conoce límites, no lleva cuentas, no guarda registro de los agravios . Difícil ¿no?  El desafío de la misericordia sin límites ¿Cómo amar a quien nos ha herido? ¿Cómo perdonar lo que parece imperdonable? La lógica humana nos empuja hacia la retribución, pero el Evangelio nos lla...

Las 3 preguntas y las 3 respuestas de Jesús a Pedro

"Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas»." (Jn 21, 17) Este pasaje forma parte del evangelio de Jn 21, 15-19  en el cual encontramos las tres preguntas del Señor Jesús a Pedro y a su vez, las tres respuestas del Maestro.  Para entender a fondo la raíz de estas preguntas y respuestas nos viene perfecto dar una mirada a lo escrito por el papa Benedicto XVI al reflexionar sobre estas palabras. La primera vez, Jesús pregunta a Pedro: "Simón..., ¿me amas" (agapâs-me) con este amor total e incondicional? (cf. Jn 21, 15). Antes de la experiencia de la traición, el apóstol ciertamente habría dicho: "Te amo (agapô-se) incondicionalmente". Ahora que ha experimentado la amarga tristeza de la infidelidad, el drama de su propia debilidad, dice con humildad: "Señor, te quiero (...

Cómo hacer con lo que nos angustia

Hoy en la segunda lectura de la Misa recibimos una clave que nos puede ayudar mucho a sobrellevar las dificultades con las que cada uno se encuentra en el camino. San Pablo escribe a los Filipenses y dice: "Que nada os angustie; al contrario en cualquier situación presenten sus deseos a Dios, orando, suplicando y dando gracias". Rápidamente solemos angustiarnos y quizá al quedarnos en esta experiencia renegamos y nos amargamos, más el Señor nos da un mensaje claro "que nada nos angustie". Nada debería ser causa de angustia para el que tiene puesta su confianza en el Señor, para aquél que sabe bien de quien se fía. Es lo que estamos llamados a vivir, la confianza en Él. No nos deja sólo con esta idea, San Pablo en su carta a los Filipenses nos dice cómo podemos lograrlo. Primero debemos presentar todas nuestras inquietudes al Señor , en cualquier circunstancia, duda, sufrimiento, incertidumbre, soledad, etc.  En segundo lugar debemos siempre rezar , pidamos al ...