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¿Cómo amar al Señor?

Luego de meditar el Evangelio de ayer Domingo me pregunté ¿Cómo amar al Señor, mi Dios, con todo mi corazón, alma y mente, con todo mi ser? Se viene a mi mente además la experiencia de Simón, Pedro, nuestro primer Papa, cuando el Señor le pregunta tres veces ¿Pedro, me amas? y él responde te quiero Señor. Quiero compartir aquí la explicación del Papa Benedicto XVI sobre este pasaje.

«La primera vez, Jesús pregunta a Pedro: "Simón..., ¿me amas" (agapâs-me) con este amor total e incondicional? (cf. Jn 21, 15). Antes de la experiencia de la traición, el Apóstol ciertamente habría dicho: "Te amo (agapô-se) incondicionalmente". Ahora que ha experimentado la amarga tristeza de la infidelidad, el drama de su propia debilidad, dice con humildad: "Señor, te quiero (filô-se)", es decir, "te amo con mi pobre amor humano". Cristo insiste: "Simón, ¿me amas con este amor total que yo quiero?". Y Pedro repite la respuesta de su humilde amor humano: "Kyrie, filô-se", "Señor, te quiero como sé querer". La tercera vez, Jesús sólo dice a Simón: "Fileîs-me?", "¿me quieres?". Simón comprende que a Jesús le basta su amor pobre, el único del que es capaz, y sin embargo se entristece porque el Señor se lo ha tenido que decir de ese modo. Por eso le responde: "Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero (filô-se)".» (Audiencia del miércoles 24 de mayo de 2006)

Creo que nuestro punto de partida debe ser desde esta visión humilde de uno mismo, como la de Pedro, con ese amor que aún no es el incondicional, porque también nos sucede lo que le pasa a él, decimos que sí pero resultamos traicionando, damos la espalda, lo negamos, nuestro querer es frágil, es humano. Tenemos que entender que como dice el Papa Benedicto XVI en su reflexión a Jesús le basta nuestro amor pobre, el único del que somos capaces, con éste amor es que tenemos que amarlo con todas nuestras fuerzas.

Este amor nuestro, humano, irá creciendo en la medida que lo hagamos estando con Él, nutriéndonos del suyo, que se expresa en su entrega por cada uno de nosotros para salvarnos, concretamente en el sacrificio de la Santa Misa, tenemos que recibirlo, alimentarnos de su amor.

Algo que nos puede ayudar es rezar una pequeña oración personal diariamente que nos recuerde que queremos amarlo con todo nuestro ser, además, pidamos a Santa María que nos ayude en esto.

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