Continuamos meditando el Evangelio del Domingo 4 de noviembre (Mc 12, 28-34), específicamente en la respuesta del Señor Jesús al escriba que hace la pregunta sobre qué mandamiento será el primero de todos. Ahora fijémonos en las palabras "el Señor, nuestro Dios, es el único Señor". ¿Lo es? ¿Es Jesucristo el centro de nuestras vidas? En todo caso esto se notará en nuestra vida cotidiana, pues el mundo también presenta algunos "señores" a los que mucha gente acoge y le da espacio en su vida. Se trata de falsos señores, pues te prometen algo que no son capaces de darte, te prometen vida y no te la dan, más bien al cabo de un tiempo se obtiene la muerte. Si es que Jesucristo es el centro de nuestras vidas es algo que se verá en cada obra que hagamos, cada manera de hablar, de relacionarnos con los demás.
"Tú eres mi Señor: mi bien, nada hay fuera de ti" rezamos en el segundo versículo del salmo 16 (15) que la liturgia nos propone hoy. Estas palabras nos la podemos plantear en una pregunta hoy ¿Es el Señor nuestro bien? Para decir que Dios es nuestro bien primero debemos reconocer que solo Él es bueno y que sólo en Él podemos encontrar el bien, que toda obra suya es buena, "Vio Dios cuanto había hecho y era muy bueno" (Gen 1, 31). Cuando a Jesús le dicen "Maestro bueno" Él responde "¿Porque me llamas bueno? Nadie es bueno, sino solo Dios" (Mc 10, 18). En las sagradas escrituras podemos descubrir el bien que Dios hizo a su pueblo amado, al pueblo que incluso en los momentos que persiguió el mal, fue perdonado, salvado, rescatado y guiado constantemente hacia aquello que era el bien para ellos. Vemos también en sus páginas que aquellos que buscan practicar el bien no están libres de sufrimientos, y es así como descubren que después de la experien...
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