Hoy meditamos en la liturgia de la Palabra el salmo primero. De su primera estrofa comenzaremos con este extracto: «Dichoso el hombre / que no sigue el consejo de los impíos, / ni entra por la senda de los pecadores, / ni se sienta en la reunión de los cínicos...». ¿Quiénes son estos impíos? Se trata de personas contrarios a la religión, que no tienen relación con Dios, no viven la piedad. De estos de los que viven apartados de Dios escucharás muchos consejos, nos dice el salmo que será feliz quien no siga justamente estos consejos, son palabras desnutridas del alimento de la verdad. Luego nos señala también que es dichoso aquel que no sigue por el camino de los pecadores ni se está en una reunión con aquellos que ni vergüenza tienen ya de sus mentiras. Nos presenta el salmo situaciones y espacios que el cristiano debe evitarlos para poder perseverar en el amor a Dios y en su misión de hacer apostolado.
"Tú eres mi Señor: mi bien, nada hay fuera de ti" rezamos en el segundo versículo del salmo 16 (15) que la liturgia nos propone hoy. Estas palabras nos la podemos plantear en una pregunta hoy ¿Es el Señor nuestro bien? Para decir que Dios es nuestro bien primero debemos reconocer que solo Él es bueno y que sólo en Él podemos encontrar el bien, que toda obra suya es buena, "Vio Dios cuanto había hecho y era muy bueno" (Gen 1, 31). Cuando a Jesús le dicen "Maestro bueno" Él responde "¿Porque me llamas bueno? Nadie es bueno, sino solo Dios" (Mc 10, 18). En las sagradas escrituras podemos descubrir el bien que Dios hizo a su pueblo amado, al pueblo que incluso en los momentos que persiguió el mal, fue perdonado, salvado, rescatado y guiado constantemente hacia aquello que era el bien para ellos. Vemos también en sus páginas que aquellos que buscan practicar el bien no están libres de sufrimientos, y es así como descubren que después de la experien...
Comentarios
Publicar un comentario