Ir al contenido principal

Tres aspectos para el combate espiritual

En esta meditación con la primera lectura que la liturgia nos propone hoy quisiera destacar tres aspectos necesarios para el combate espiritual. Veamos la lectura.
«1 Por tanto, también nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con fortaleza la prueba que se nos propone, 2 fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe, el cual, en lugar del gozo que se le proponía, soportó la cruz sin miedo a la ignominia y está sentado a la diestra del trono de Dios. 3 Fijaos en aquel que soportó tal contradicción de parte de los pecadores, para que no desfallezcáis faltos de ánimo. 4 No habéis resistido todavía hasta llegar a la sangre en vuestra lucha contra el pecado.» (Hebreos 12, 1-4)
Mirar a la nube de testigos

En la experiencia de vivir, día a día nos encontramos con algunos sucesos o noticias que nos desalientan o producen desánimo, resulta a veces dificil salir de esta experiencia y pronto pasan por la mente ideas negativas como "no puedo" frente a la posibilidad de salir de esos pensamientos y seguir adelante. La mirada se vuelve hacia abajo y cuesta subirla o sencillamente no se presenta como alternativa. En la carta que meditamos se nos da una clave: mirar a tan grande nube de testigos que tenemos alrededor, pues basta mirar un poco mas de cerca su vida ¿cómo vivieron ellos? ¿cómo asumieron el dolor? ¿cómo enfrentaron los problemas? -que todos vivimos- tenemos hoy a los santos que nos preceden y que la Iglesia nos presenta como modelos a seguir. Tenemos también los modelos que la Sagrada Escritura nos presenta en el Antiguo Testamento. Una mirada a la vida de esta nube de testigos será de gran provecho espiritual.

Sacudir todo lastre y pecado que nos asedia

Habiendo hecho lo primero nos llenamos de entusiasmo, necesario para levantarnos y seguir, pero los problemas siguen, ellos seguirán viniendo y tenemos que seguir enfrentándolos, así que toca poner un poco de nuestra parte y según lo dicho en esta carta ahora tenemos que sacudir de nuestra vida aquello que nos asedia, lastre y pecados. Que nos asedia quiere decir que no nos deja avanzar y el lastre es lo que obstruye ese camino para poder seguir caminando y el pecado es nuestro error, nuestras malas opciones, nuestra opción por el mal. Todo esto pesa y no nos deja avanzar.

Para sacar el lastre de nuestro camino necesitaremos trabajar, usualmente suelen proceder de malos hábitos ganados por descuidos en nuestra propia vigilancia y rectitud de vida. Debemos tener un espacio para poder trabajar en ello. La figura que usa el autor es "sacudir" como cuando se sacude una planta y cae lo que no pertenece a ella, así debemos sacudirnos para que caiga todo lo que no es nuestro. En cuanto al pecado, lo primero pedir perdón a Dios, confesarnos, luego trabajar en serio, esforzarnos para que no volvamos a caer en dicho pecado. Si es que no podemos, siempre tenemos a otro que nos puede ayudar. Pedir ayuda a Dios (que lo explicaremos en el siguiente punto) y a otra persona cercana a nosotros, de nuestra confianza.

Correr con fortaleza la prueba que se nos propone con los ojos fijos en Jesús

En primer lugar, para poder soportar una prueba o seguir avanzando en medio de ella muchas veces nos daremos cuenta que por nuestras propias fuerzas sencillamente no podremos hacerlo, entonces necesitamos de Aquél que nos fortalece el espíritu para poder seguir, para correr con fortaleza, como propone este pasaje debemos en primer lugar mirar a Jesús, fijarnos en aquél que soportó la Cruz sin miedo a la ignominia, fijar nuestra mirada en aquél que soportó las contradicción de parte de los pecadores. De esta manera -dice la Sagrada Escritura- no desfalleceremos faltos de ánimo ante las adversidades.

Comentarios

Entradas populares de este blog

¿Es Dios nuestro bien?

"Tú eres mi Señor: mi bien, nada hay fuera de ti" rezamos en el segundo versículo del salmo 16 (15) que la liturgia nos propone hoy. Estas palabras nos la podemos plantear en una pregunta hoy ¿Es el Señor nuestro bien?  Para decir que Dios es nuestro bien primero debemos reconocer que solo Él es bueno y que sólo en Él podemos encontrar el bien, que toda obra suya es buena,  "Vio Dios cuanto había hecho y era muy bueno" (Gen 1, 31). Cuando a Jesús le dicen "Maestro bueno" Él responde "¿Porque me llamas bueno? Nadie es bueno, sino solo Dios" (Mc 10, 18). En las sagradas escrituras podemos descubrir el bien que Dios hizo a su pueblo amado, al pueblo que incluso en los momentos que persiguió el mal, fue perdonado, salvado, rescatado y guiado constantemente hacia aquello que era el bien para ellos.  Vemos también en sus páginas que aquellos que buscan practicar el bien no están libres de sufrimientos, y es así como descubren que después de la experien...

Cómo vivir la misericordia de Dios en la vida diaria

" Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso... Con la medida que midáis, se os medirá " (Lc 6,36.38).  Estas palabras del Señor Jesús nos tocan profundamente. ¿Cuántas veces nos hemos encontrado midiendo nuestra compasión, calculando nuestro perdón, racionando nuestro amor? En este pasaje, Él nos invita a un ejercicio de conversión: aprender a amar como ama el Padre . Entre dos medidas: la humana y la divina  Nuestra naturaleza humana tiende a calcular, a medir, a sopesar el dar y el recibir. Es muy comprensible: buscamos protegernos, queremos asegurar cierta reciprocidad. Pero Jesús nos presenta una medida diferente: la medida desbordante del amor divino. La misericordia de Dios no conoce límites, no lleva cuentas, no guarda registro de los agravios . Difícil ¿no?  El desafío de la misericordia sin límites ¿Cómo amar a quien nos ha herido? ¿Cómo perdonar lo que parece imperdonable? La lógica humana nos empuja hacia la retribución, pero el Evangelio nos lla...

Cómo hacer con lo que nos angustia

Hoy en la segunda lectura de la Misa recibimos una clave que nos puede ayudar mucho a sobrellevar las dificultades con las que cada uno se encuentra en el camino. San Pablo escribe a los Filipenses y dice: "Que nada os angustie; al contrario en cualquier situación presenten sus deseos a Dios, orando, suplicando y dando gracias". Rápidamente solemos angustiarnos y quizá al quedarnos en esta experiencia renegamos y nos amargamos, más el Señor nos da un mensaje claro "que nada nos angustie". Nada debería ser causa de angustia para el que tiene puesta su confianza en el Señor, para aquél que sabe bien de quien se fía. Es lo que estamos llamados a vivir, la confianza en Él. No nos deja sólo con esta idea, San Pablo en su carta a los Filipenses nos dice cómo podemos lograrlo. Primero debemos presentar todas nuestras inquietudes al Señor , en cualquier circunstancia, duda, sufrimiento, incertidumbre, soledad, etc.  En segundo lugar debemos siempre rezar , pidamos al ...