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¿Cuántas veces ante las dificultades seguimos alabando a Dios?

En medio de la dificultad, alaban al Señor. Se trata de la historia de Sidrac, Misac y Abdénago, quienes ante la propuesta del rey Nabucodonosor, de adorar a su dios de oro se resistieron y negaron a hacerlo, entonces el rey dispuso, luego de presionarlos más, quemarlos en el fuego, el cual debido a la furia de Nabucodonosor, se preparó siete veces más fuerte que de costumbre, eran lenguas de fuego gigantes. Los tres estaban atados, y fueron atados por los hombres más robustos, a pedido del rey. Entonces los escucha cantar himnos, y extrañado y asombrado preguntó por si eran ellos los atados y puestos en fuego siete veces más fuerte, y luego preguntó sobre lo que veía, se trataba de cuatro hombres paseando por el fuego sin sufrir nada, y el cuarto parecía ser divino. Entonces Nabuconosor bendice al Dios de los tres porque ha escuchado a aquellos que confiaron en él y ha  enviado un siervo a salvarlos.

¿Cuántas veces ante las fuertes e intensas dificultades que tenemos nosotros somos capaces de seguir alabando a Dios? Poco. Pocas veces creo que nos resulta fácil manifestar al Señor nuestras alabanzas, nuestras oraciones de alegría, nuestro agradecimiento ante las dificultades.

La palabra clave aquí es lo que menciona Nabucodonosor, la confianza. Pues los tres han confiado en Dios, han puesto su confianza en el Señor que los iba a salvar por su fidelidad mostrada ante la incitación a adorar a otros dioses. Ellos confían en el Dios verdadero.

La confianza debe vivirse en lo cotidiano, primero con las cosas pequeñas, vivida de esta manera, cuando vienen las nubes con grandes cargadas de lluvias, esa confianza no se moverá, seguirá puesta y afincada en Dios, como debe ser.

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