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La Cuaresma: un camino hacia la moderación y la sencillez


Llevar una vida moderada y sencilla es lo que el tiempo de Cuaresma, bien aprovechado, dará como fruto en aquel cristiano que haga una opción clara por este propósito.

El verdadero sentido de la humildad según el Evangelio

"El que se engrandece será humillado, y el que se humilla será engrandecido", dice el Señor en el Evangelio (Mt 23, 12). Con estas palabras nos invita a optar siempre por la sencillez y la moderación en nuestra vida. Jesús nos exhorta a rechazar el deseo de reconocimiento, la búsqueda de los primeros puestos en los banquetes, los asientos de honor, las reverencias y los títulos.

Pero esta renuncia no es una negación vacía ni un desprecio por el reconocimiento, sino un camino de libertad interior. No se trata de evitar ser vistos, sino de no vivir para ello. El verdadero discípulo de Cristo no actúa para recibir aplausos, sino para la gloria de Dios y la santificación de los demás.

Ser sencillos para vivir en la verdad

Rechazar la ostentación no significa actuar con desprecio hacia lo exterior, sino vivir con una mirada clara hacia lo esencial. La sencillez no es falta de ambición, sino elección de lo que verdaderamente vale. Este tiempo de Cuaresma nos llama a la moderación en nuestra manera de vivir, en la forma en que hacemos las cosas y también en cómo nos expresamos.

No nos compliquemos la existencia con superficialidades. Seamos modestos en nuestras palabras y acciones, manteniendo siempre la mirada fija en lo que realmente importa: el amor a Dios y a nuestros hermanos.

Una vida sencilla para no perder de vista lo esencial

Cuando elegimos la moderación, evitamos caer en la distracción de lo accesorio y nos concentramos en lo verdaderamente importante. Esto se refleja en nuestras relaciones con los demás, en la forma en que servimos y en cómo enfrentamos cada día.

La Cuaresma es una oportunidad para aprender a vivir con lo justo, hablar con prudencia y actuar con humildad. Si nos dejamos guiar por este espíritu de sencillez, llegaremos a la Pascua con un corazón renovado, libre de vanidades y más unido a Dios.


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