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El Señor nos sostiene, él nos endereza

Muchas veces nos cuesta entrar a una dimensión nuestra en la que nos vemos débiles y frágiles, cuando nos damos cuenta que nos sucede rechazamos la posibilidad de entrar un poco más en esto o simplemente damos vuelta a la página. Es una realidad humana, somos frágiles, más bien cuando no lo vemos así podría pasar que cueste más acudir a un Señor misericordioso, a un Señor que nos perdona y está dispuesto a auxiliarnos siempre.

El salmo que meditamos en la liturgia de hoy es el 144 (ver). Al comenzar a rezarlo nos topamos con el amor misericordioso de Dios, pues efectivamente él es clemente, misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad, él es cariñoso con todas sus criaturas, con todos, comprendamos esto, abramos nuestra mente y corazón a esta realidad, con todos el Señor es así. Y justamente viendo nuestra realidad frágil y débil, y levantando la mirada en medio de esto, nos encontraremos con un Dios amoroso que sale a nuestro encuentro, lo dice el mismo salmo en el último párrafo: «El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan».

Acudamos a él en medio de esa situación en la que nos topamos con nuestra fragilidad, él nos puede sostener, ¡ésto es una realidad! es una verdad, Cristo sale a nuestro encuentro, quizá nos puede ayudar a manera de jaculatoria repetir una oración conocida «Dios mío ven en mi auxilio, Señor date prisa en socorrerme». Hay una segunda dimensión en lo que venimos meditando, se trata de dejar que el Señor nos enderece y para que esto suceda, debemos cooperar, colaborar con la Gracia que él derrama sobre nosotros para que podamos lograr esto, tenemos que acudir a él en el sacramento de la reconciliación, tenemos que buscarlo en la oración, visitarlo y ante el sagrario decirle en qué cosa concreta le pedimos que nos enderece, y luego tenemos que poner de nuestra parte. El Señor vendrá en nuestro auxilio. Él nos enderezará.

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