Ir al contenido principal

En la tristeza y en la angustia el Señor nos salva

Cada día que pasa descubrimos que un día tiene sus propios afanes, descubrimos que hay problemas, dificultades, obstáculos, descubrimos también tentaciones, ataques cuando uno ha hecho la opción de un estilo de vida cristiano y mientras uno más se compromete más difícil a veces se pone la vida, en fin, esta segunda y tercera estrofa del salmo que nos presenta la liturgia de la Palabra de hoy (149, 1-9) nos ayuda a ver que el Señor verdaderamente interviene y está presente en estos momentos cuando nosotros de corazón y con fe, en la oración personal, lo invocamos.
Me envolvían redes de muerte,
   me alcanzaron los lazos del abismo,
   caí en tristeza y en angustia.
   Invoqué el nombre del Señor:
   “Señor, salva mi vida”. 
El Señor es benigno y justo,
   nuestro Dios es compasivo;
   el Señor guarda a los sencillos:
   estando yo sin fuerzas, me salvó.
Mucha gente hoy cae en tristeza y angustia ante los embates de cada día, ante los problemas y dificultades de la vida y muchas veces se quedan callados, viven esto en la soledad de sus días, no comparten, no hay el hábito de compartir, menos acuden a Dios, en este panorama la desesperanza crece, el salmo que meditamos nos demuestra que al invocar el nombre del Señor, pidiendo su auxilio él nos guarda, y estando ya sin fuerzas nos salva, nos sostiene.

Comentarios

Entradas populares de este blog

¿Es Dios nuestro bien?

"Tú eres mi Señor: mi bien, nada hay fuera de ti" rezamos en el segundo versículo del salmo 16 (15) que la liturgia nos propone hoy. Estas palabras nos la podemos plantear en una pregunta hoy ¿Es el Señor nuestro bien?  Para decir que Dios es nuestro bien primero debemos reconocer que solo Él es bueno y que sólo en Él podemos encontrar el bien, que toda obra suya es buena,  "Vio Dios cuanto había hecho y era muy bueno" (Gen 1, 31). Cuando a Jesús le dicen "Maestro bueno" Él responde "¿Porque me llamas bueno? Nadie es bueno, sino solo Dios" (Mc 10, 18). En las sagradas escrituras podemos descubrir el bien que Dios hizo a su pueblo amado, al pueblo que incluso en los momentos que persiguió el mal, fue perdonado, salvado, rescatado y guiado constantemente hacia aquello que era el bien para ellos.  Vemos también en sus páginas que aquellos que buscan practicar el bien no están libres de sufrimientos, y es así como descubren que después de la experien...

Cómo vivir la misericordia de Dios en la vida diaria

" Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso... Con la medida que midáis, se os medirá " (Lc 6,36.38).  Estas palabras del Señor Jesús nos tocan profundamente. ¿Cuántas veces nos hemos encontrado midiendo nuestra compasión, calculando nuestro perdón, racionando nuestro amor? En este pasaje, Él nos invita a un ejercicio de conversión: aprender a amar como ama el Padre . Entre dos medidas: la humana y la divina  Nuestra naturaleza humana tiende a calcular, a medir, a sopesar el dar y el recibir. Es muy comprensible: buscamos protegernos, queremos asegurar cierta reciprocidad. Pero Jesús nos presenta una medida diferente: la medida desbordante del amor divino. La misericordia de Dios no conoce límites, no lleva cuentas, no guarda registro de los agravios . Difícil ¿no?  El desafío de la misericordia sin límites ¿Cómo amar a quien nos ha herido? ¿Cómo perdonar lo que parece imperdonable? La lógica humana nos empuja hacia la retribución, pero el Evangelio nos lla...

Cómo hacer con lo que nos angustia

Hoy en la segunda lectura de la Misa recibimos una clave que nos puede ayudar mucho a sobrellevar las dificultades con las que cada uno se encuentra en el camino. San Pablo escribe a los Filipenses y dice: "Que nada os angustie; al contrario en cualquier situación presenten sus deseos a Dios, orando, suplicando y dando gracias". Rápidamente solemos angustiarnos y quizá al quedarnos en esta experiencia renegamos y nos amargamos, más el Señor nos da un mensaje claro "que nada nos angustie". Nada debería ser causa de angustia para el que tiene puesta su confianza en el Señor, para aquél que sabe bien de quien se fía. Es lo que estamos llamados a vivir, la confianza en Él. No nos deja sólo con esta idea, San Pablo en su carta a los Filipenses nos dice cómo podemos lograrlo. Primero debemos presentar todas nuestras inquietudes al Señor , en cualquier circunstancia, duda, sufrimiento, incertidumbre, soledad, etc.  En segundo lugar debemos siempre rezar , pidamos al ...