Ir al contenido principal

Acoger al Señor

En el Evangelio de hoy leemos o escuchamos que Jesús habiendo estado en su pueblo natal y declarando que un profeta no goza de prestigio en su propio lugar, partió hacia Galilea, en donde fue bien recibido, y aquí el Evangelio de san Juan dice seguidamente "porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua". Esta línea nos permite una primera reflexión.

Los Galileos habían visto lo que Jesús hizo y por eso lo reciben bien. Si nos ponemos a pensar por un momento en nuestros días, veremos que aunque algunos señalen que cada vez la gente sabe menos de Jesús, muchos saben quién es, sea por la piedad popular, por algún sacerdote, por los colegios, o por alguna persona cercana a la familia, sabemos lo que Jesús hizo, conocemos algunos hitos de su historia, hay algunas semillas de Evangelio esparcidas por varias partes, pero no se da lo primero, aquello de recibirlo o acogerlo bien.

Esto nos ayuda hoy a preguntarnos algo, sabiendo lo que Cristo hizo por nosotros ¿Cómo es mi acogida? ¿Yo lo recibo bien en mi vida? Efectivamente se resalta aquí la necesidad que tenemos de ver para creer, el mismo Señor, conociendo esto de nosotros, nos dice en el Evangelio que hoy meditamos "si no ven signos y prodigios, ustedes no creen". Sin embargo, esto es algo que hoy podríamos decir que abunda, pues no faltan los testimonios de mucha gente, incluso en Internet, quienes manifiestan lo que Cristo ha hecho por ellos, evidencian que el Señor actúa, nos responde, se hace presente, como siempre lo ha hecho y lo seguirá haciendo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

¿Es Dios nuestro bien?

"Tú eres mi Señor: mi bien, nada hay fuera de ti" rezamos en el segundo versículo del salmo 16 (15) que la liturgia nos propone hoy. Estas palabras nos la podemos plantear en una pregunta hoy ¿Es el Señor nuestro bien?  Para decir que Dios es nuestro bien primero debemos reconocer que solo Él es bueno y que sólo en Él podemos encontrar el bien, que toda obra suya es buena,  "Vio Dios cuanto había hecho y era muy bueno" (Gen 1, 31). Cuando a Jesús le dicen "Maestro bueno" Él responde "¿Porque me llamas bueno? Nadie es bueno, sino solo Dios" (Mc 10, 18). En las sagradas escrituras podemos descubrir el bien que Dios hizo a su pueblo amado, al pueblo que incluso en los momentos que persiguió el mal, fue perdonado, salvado, rescatado y guiado constantemente hacia aquello que era el bien para ellos.  Vemos también en sus páginas que aquellos que buscan practicar el bien no están libres de sufrimientos, y es así como descubren que después de la experien...

Cómo vivir la misericordia de Dios en la vida diaria

" Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso... Con la medida que midáis, se os medirá " (Lc 6,36.38).  Estas palabras del Señor Jesús nos tocan profundamente. ¿Cuántas veces nos hemos encontrado midiendo nuestra compasión, calculando nuestro perdón, racionando nuestro amor? En este pasaje, Él nos invita a un ejercicio de conversión: aprender a amar como ama el Padre . Entre dos medidas: la humana y la divina  Nuestra naturaleza humana tiende a calcular, a medir, a sopesar el dar y el recibir. Es muy comprensible: buscamos protegernos, queremos asegurar cierta reciprocidad. Pero Jesús nos presenta una medida diferente: la medida desbordante del amor divino. La misericordia de Dios no conoce límites, no lleva cuentas, no guarda registro de los agravios . Difícil ¿no?  El desafío de la misericordia sin límites ¿Cómo amar a quien nos ha herido? ¿Cómo perdonar lo que parece imperdonable? La lógica humana nos empuja hacia la retribución, pero el Evangelio nos lla...

Cómo hacer con lo que nos angustia

Hoy en la segunda lectura de la Misa recibimos una clave que nos puede ayudar mucho a sobrellevar las dificultades con las que cada uno se encuentra en el camino. San Pablo escribe a los Filipenses y dice: "Que nada os angustie; al contrario en cualquier situación presenten sus deseos a Dios, orando, suplicando y dando gracias". Rápidamente solemos angustiarnos y quizá al quedarnos en esta experiencia renegamos y nos amargamos, más el Señor nos da un mensaje claro "que nada nos angustie". Nada debería ser causa de angustia para el que tiene puesta su confianza en el Señor, para aquél que sabe bien de quien se fía. Es lo que estamos llamados a vivir, la confianza en Él. No nos deja sólo con esta idea, San Pablo en su carta a los Filipenses nos dice cómo podemos lograrlo. Primero debemos presentar todas nuestras inquietudes al Señor , en cualquier circunstancia, duda, sufrimiento, incertidumbre, soledad, etc.  En segundo lugar debemos siempre rezar , pidamos al ...