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El mundo necesita de nuestro testimonio de fidelidad

Ante el testimonio de fidelidad de los servidores de Dios, Sadrac, Mesac y Abed, el rey Nabucodonosor termina exclamando "Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió un ángel a salvar a sus siervos que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y prefirieron arrostrar el fuego antes que venerar y adorar otros dioses que el suyo." Sucedió que estos tres se habían negado hacer caso a la propuesta del rey de adorar a otro dios, que era una estatua de oro que había erigido, y como escuchamos o leemos en la primera lectura de hoy, Nabucodonosor se enoja y los manda a un horno con el fuego siete veces más fuerte de lo usual. Al ver a cuatro en vez de tres en el horno, diciendo "¿cómo es que veo cuatro hombres, sin atar, paseando por el horno sin sufrir nada?", es que el rey se admira.

El testimonio de fidelidad al Señor Jesús ante los dioses que propone el mundo, tiene una fuerza arrasadora, esta fidelidad nace de la confianza que los tres siervos muestran en Dios ante la posibilidad de la muerte, y no ceden, al contrario siguen confiados en Dios.

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