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Corriendo hacia el Señor

Como hemos escuchado o leído en el Evangelio de hoy, el Señor Jesús le dice hoy a la mujer que iba a ser condenada por sus pecados «Anda y en adelante no peques más», esas palabras son las que también escuchamos hoy cuando acudimos al sacramento de la reconciliación, a confesar nuestros pecados al Señor, "ve y en adelante no peques más".

¿Qué sucede si a los pocos días volvemos a caer en un pecado? ¿No hemos de regresar por que el Señor nos dijo que ya no pequemos más? Todo lo contrario, debemos regresar, pues hemos sido frágiles, hemos caído y debemos regresar a decirle al Señor Jesús que nos perdone,  a pedir la gracia de su misericordia, que como hoy nos lo ha dicho el Papa Francisco "El Señor jamás se cansa de perdonar", dijo también el Papa que más bien somos nosotros los que nos cansamos de acudir a él ¿qué hacer entonces cuando estemos cansados?

La segunda lectura nos ilumina en esto. Dice san Pablo: "yo no pienso haber conseguido el premio. Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio, al que Dios desde arriba llama en Cristo Jesús." Precisamente cuando estamos en una carrera, nos cansamos, pero la meta que queremos alcanzar es la que nos motiva, y si estamos cansados seguimos mirando la meta, no la dejamos de ver, actuando así, cuando estemos cansados pararemos en el camino a reponer nuestras fuerzas y necesitaremos hacerlo. Esto para nosotros es ir donde el Señor, acudir a él, buscarlo para conversar con él, para contarle cómo nos va en esa carrera, para alimentarnos, para obtener su misericordia ante nuestras malas acciones y desvíos del camino.

Viendo nuestra vida como una carrera entendemos que cuando nos cansamos debemos reponer nuestras fuerzas para seguir corriendo luego hacia el Señor.

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