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Cumplir lo que nos pide el Señor, alegra el corazón

Repetimos hoy en la antífona del Salmo (18, 8.9.10.15): «Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón». Brevemente el mismo Salmo nos muestra la extensión de los frutos que se dan en nuestra vida cuando obedecemos a los mandatos del Señor.

Podemos ponerlos en 4 puntos descritos por el salmo:
  1. Es descanso para el alma.
    • Al hacer lo que estamos a hacer nuestro espíritu camina tranquilo, pues estamos por los caminos del Señor, es el Buen Pastor a quien seguimos, estamos fuera de peligro, estamos a salvo y esto produce en nosotros calma, paz, tranquilidad, ante la angustia que se experimenta al no estarlo. 
  2. Nos instruye.
    • El Señor es un pedagogo por excelencia, él nos enseña y nos va educando cuando meditamos en sus Palabras, cuando hacemos lo que nos manda, estamos aprendiendo a asumir, enfrentar, dar, y muchas cosas hacerlas como él las hizo.
  3. Alegra el corazón.
    • Con todo lo anterior, estamos alegres y contentos, pues vamos por sitio seguro, sabemos quién está con nosotros, el corazón del hombre se alegra al estar con el Señor.
  4. Da luz a los ojos.
    • Su Palabra nos guía, nos orienta, es la luz para nuestros ojos, que muchas veces los tenemos pero no vemos. Si seguimos fielmente sus mandatos, éstos iluminan nuestro caminar.

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