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¿Qué movía a Herodes?


Bien predicaba hoy el sacerdote en la Misa que estuve en la mañana, decía de Herodes que era el hombre que claramente se había dejado llevar por sus gustos, sus bajos deseos, malas inclinaciones, lujuria, su pecado, haciendo mal uso de la autoridad y manda a decapitar a Juan porque le había prometido la hija de Herodías, quien danzó para él y sus invitados, y su baile gustó a todos, entonces el rey le dijo a la joven: “Pídeme lo que quieras, que te lo doy”. Hasta la mitad de su reino le daría si se lo pidiese.

Queda muy claro qué era lo que movía a Herodes en ese momento para llegar a decir semejante proposición. No hay dominio de sí, no es capaz de distinguir planos. No identifica hacia donde le lleva el mal, no lo identifica, no ve, está ciego.

Podríamos pensar con esta lectura del Evangelio de San Marcos (6, 14-29) en la danza de la hija de Herodías, como la danza en el mundo de aquello cuanto atrae nuestro hombre viejo despertando un combate entre la fragilidad del hombre y la fuerza del mal, acción inclemente, que tiene la astucia de engatusar de paralizar al débil, por el veneno que rápidamente inocula el astuto enemigo en su víctima.

Iluminados por la historia de David frente a Goliat, vemos que frente a esto, que no estamos salvos, sólo Dios nos da la fuerza, él puede fortalecer nuestro brazo, para vencer al enemigo, que estando en no tan buenas condiciones en la batalla, podemos pelear con su fuerza y vencer al gigante. “Invocando al Dios Altísimo”.

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