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¿En quién tengo puesta mi seguridad?

En la primera lectura de hoy escuchamos las palabras del profeta Ezequiel dirigida a la Jerusalén, veo en estas palabras relaciones con nosotros en este tiempo.

«Te bañé, te limpié la sangre, y te ungí con aceite. Te vestí de bordado, te calcé de marsopa; te ceñí de lino, te revestí de seda. Te engalané con joyas: te puse pulseras en los brazos y un collar al cuello. Te puse un anillo en la nariz, pendientes en las orejas y diadema de lujo en la cabeza. Lucías joyas de oro y plata, y vestidos de lino, seda y bordado; comías flor de harina, miel y aceite; estabas guapísima y prosperaste mas que una reina.  
Cundió entre los pueblos la fama de tu belleza, completa con las galas con que te atavié -oráculo del Señor-. Te sentiste segura de tu belleza y, amparada en tu fama, fornicaste y te prostituiste con el primero que pasaba.  
Pero yo me acordaré de la alianza que hice contigo cuando eras moza haré contigo una alianza eterna, para que te acuerdes y te sonrojes y no vuelvas a abrir la boca de vergüenza, cuando yo te perdone todo lo que hiciste."Oráculo del Señor"».

Me detengo particularmente en la última parte de la lectura completa (leer todo aquí) , en la que podemos darnos cuenta de la acción de Dios sobre su pueblo, sobre nosotros, podemos ver cómo nos quiere, cuánto nos cuida, nos protege, nos devuelve la identidad y cual hijo pródigo nos da un anillo, nos viste, nos calza, pero aquí puede haber un peligro según lo indica la lectura que vamos meditando, cuando una persona se afirma sobre esa belleza que no le pertenece, cuando pone su seguridad en ella y no en lo esencial, cuando surge entonces esa seguridad y se ampara en su fama, todo comienza a derrumbarse.

Pues si todo nos viene de Dios ¿por qué gloriarnos de algo como si fuera nuestro? ¿por qué fijar la mirada en los bienes? cuando esta mirada se desvía de Dios y mira cosas que no son esenciales, cuando nuestra seguridad no está puesta en él, todo comienza a derrumbarse, ciertamente será un proceso, pero llegará.

El asunto es no dejar de mirar al Señor, entender que solos no podemos seguir, como le sucede a Pedro cuando pide ir caminando por las aguas donde su maestro, comienza a ir, pero a penas pierde la mirada de los ojos del Señor comienza a hundirse. Así, nosotros, cuando nos afirmamos sobre las cosas que tenemos, sobre los dones con los que contamos, cuando nos sentimos muy seguros con lo material y nuestra seguridad está allí afincada, pronto todo se desmoronará.

El profeta utiliza palabras más fuertes "fornicaste y te prostituiste con el primero que pasaba", queda claro con éstas el lado opuesto o el abismo diferencial con respecto a cómo estaba cuando estaba con el Señor.

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